domingo, diciembre 24, 2006

Babel: o Crash 2 (Bienvenidos a la globalización)

Se acaba el año, quedan ya días… pero antes de tomarnos las uvas nos llega uno de los estrenos más esperados de la temporada. Por muchas razones. Ya desde el festival de Cannes se hablaba de ella como título grande y de hecho era favorita junto a las últimas cintas de Almodóvar, “Volver” y Ken Loach, “El viento que agita la cebada”, que obtuvo la merecida Palma de Oro. “Volver” se conformó con el premio conjunto a sus actrices, algo que quedaba bien pero que no era del todo acertado, ya que no están todas al mismo nivel, y no hablo sólo de Yohana Cobo, sino que incluyo en la crítica a la laureada Penélope Cruz, ambas por debajo de la enorme Blanca Portillo. La tercera en situarse como favorita en dicho festival era el último trabajo de Alejandro González Iñárritu, “Babel”, cuyo director ganó, con toda justicia, como tal.
Y desde entonces el mito de “Babel” ha ido creciendo hasta hacerse una película imprescindible en las agendas de todos los aficionados, y antes de que se den, ya el año próximo, las nominaciones a los Oscar, a finales de este 2006 la cinta de Iñárritu ya es favorita a los Globos de Oro, al haber obtenido siete candidaturas en categorías generales o de film dramático. Y si antes alababa la distinción al director en Cannes, discuto, y mucho, la selección que como película, guión y actriz secundaria japonesa, Rinko Kikuchi, ha hecho la prensa extranjera que vota para estos galardones. La razón es que como película me parece complaciente con la actual visión norteamericana de la vida, es decir, que pese a lo muy dura que resulta la cinta en algunos momentos, hasta el punto de que más de un espectador se encontrará incómodo en su butaca, Iñárritu no nos arrastra a los habituales rincones donde nos ha llevado en otras películas suyas. Para ser clara, las dos anteriores del mexicano, “Amores perros” y “21 gramos”, son más desgarradoras que esta que cierra la trilogía.
Yo diría que es porque está cansado de hacer buen cine sin que la Academia se lo valore, así que ha hecho una película para ellos, casi se la ha dedicado. Ya sabemos todos, o deberíamos al menos, que la Academia no premia cintas hechas desde las tripas y para las tripas. Y como últimamente le ha ganado “Chicago” a “Las horas”, “Gladiator” a “Traffic” o “Crash”, -película a la que éste “Babel” le debe mucho mucho mucho- a “Brokeback Mountain” porque suelen preferir el cine que recorre el camino iniciado en el dólar y acabado en las palomitas, el mero espectáculo con las menos implicaciones políticas, complicaciones emotivas y dificultades visuales posibles, pues Iñárritu ha hecho una inteligente mezcla entre una película que indudablemente lleva su estilo en cada fotograma pero que a la vez le concede a la industria el beneficio de lo políticamente correcto.
Así que pese a lo bien que la dirige Iñárritu le falta algo y es un guión bien terminado. Me gustaría saber cuántas personas van a salir decepcionadas porque no le pone toda la carne en el asador. A lo ya comentado falta excluir del cuadro de dos horas y media la historia, cruzada como todas, que transcurre en Tokio. Iñárritu la utiliza como una excusa para justificar la globalización de la película y del mundo, por extensión. Pero es la que sobra. Y la que alarga sin necesidad.
Nada que objetar, sin embargo a la de la pareja formada por Cate Blanchett y Brad Pitt, que está de vacaciones en Marruecos para intentar arreglar su matrimonio y por una mala coincidencia ella se mete en la trayectoria de una bala disparada al azar por unos niños que juegan y estrenan el rifle recién adquirido por su padre. La agonía que a partir de entonces va a vivir Cate Blanchett es digna de la nominación al Globo de Oro que sí ha logrado Rinko Kikuchi. Si la japonesa tiene que comunicarse por medio del lenguaje de signos porque es sorda, Blanchett grita con los ojos como nadie. Y vaya si la oímos.
Turno ahora para Brad Pitt, que no puede estar mejor. Como actor, por supuesto, como chico no está muy alto entre mis favoritos, más bien se queda sin sitio incluso en un listado extenso de nombres menos conocidos que el suyo. Pero como actor es este posiblemente su mejor trabajo, lo demuestra el devenir de su personaje a lo largo del metraje y sin duda, la segunda vez que habla con su hijo por teléfono. Merece un premio por dejarnos helados. Y no me olvido de la revelación de la cinta, la extraordinaria Adriana Barraza, que estaba en “Amores perros” pero que sin duda ya no olvidaremos después de verla cuidando a los niños de la pareja en México y posteriormente en el desierto, en uno de los momentos más angustiosos de la película.
En resumen, no es un mal trabajo, lo que pasa es que de su director esperamos más. No ha aclarado Iñárritu las razones por las que ya no colaborará más con su guionista habitual, Guillermo Arriaga. Sólo ha dicho vaguedades a cerca del ciclo natural de las cosas, pero yo creo que tiene que ver con el hecho de que ésta está años luz de lo que a Alejandro le gusta crear. Aunque a lo mejor ha sido Arriaga el que ha querido desentenderse de un director que en su visita a Madrid pidió que en nuestro país la película se doblara, cosa bastante inexplicable en un autor, que debería querer que su obra se respetara, y más aún cuando hay tanta mezcla de idiomas como en “Babel”, de la que todos entenderían, hasta los más fanáticos del doblaje, que es imposible verla si no es en su versión original, para poder entender de verdad lo que Iñárritu quiere contar: la incomunicación en un mundo donde somos nosotros quienes ponemos las fronteras. Bueno. Hay que reconocer que el mensaje en sí es tan tierno como el resultado final de la película.
Silvia García Jerez
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