lunes, noviembre 27, 2006

"EL PERFUME": Una obra de arte


¿Cuántas veces hemos leído un libro que nos ha gustado y hemos querido verlo convertido en película? Pues más de una y no es algo sencillo. Las adaptaciones cinematográficas son complicadas y que cada lector quede satisfecho con la visión que otra persona ha tenido del mismo libro, puede ser poco menos que imposible para el director que se enfrente a la empresa, ya que en el 90 % de los casos los espectadores que conocen la obra en la que se basa la cinta salen del cine diciendo que el libro es mucho mejor, que contaba las cosas con más detalle, que los personajes los dibujaba con mayor precisión el escritor que el director de la película y por supuesto, a menudo no se acierta con el reparto que cada admirador del texto escrito se había creado antes de ver el largometraje en la pantalla.

Pero no todos son fracasos. Todavía resuenan en nuestros oídos los aplausos que público y crítica dedicaron a la trilogía de “El Señor de los Anillos” que dirigió Peter Jackson, o aquellos otros que recibió la adaptación de “Las horas”, una cinta de menor envergadura, pero no de menos calidad, que le dio a Nicole Kidman un merecido Oscar a la mejor actriz. Y ahora llega “El perfume”, celebrada novela de Patrick Suskind, lectura obligada para todos los amantes de la literatura y éxito asegurado para cada lector que se enfrente a la historia que cuenta. Una historia imposible de creer pero creíble gracias a la mágica utilización de cada una de las palabras que la componen. Una vez acabada la gran obra no puede imaginarse que una película le haga justicia y lo cierto es que Tom Tykwer, responsable de “Corre, Lola, corre”, ha logrado hacérsela.

Poesía pura es lo que destilan las imágenes rodadas. Algo muy difícil de obtener en el cine. Ha conseguido traernos al año 2006 los olores de 1700, siglo en el que nació Jean-Baptiste Grenouille, ese jovencito, que tuvo el sentido del olfato más desarrollado que nadie en sus días y que pretendió crear el perfume perfecto: aquel que capturaba la esencia del ser humano. Y no de cualquier ser humano, sino el de aquellos que olieran mejor que los demás. Da la casualidad de que esos olores correspondían a mujeres y como resultaba imposible que ellas se prestaran a dejarse capturar el olor, Jean-Baptiste no tenía más remedio que matarlas. Por lo tanto Tykwer nos cuenta en imágenes la historia de este asesino que no pretendía serlo.

Y pese a lo que pueda parecer, ya digo, lo que vemos en la pantalla no es un continuo baño de sangre, sino una película bella, una obra de arte que no nos deja respirar durante dos horas y veinte minutos, que nos tiene hipnotizados, emocionados. Una cinta que no decae en ningún momento, que va a más en su narrativa y que cuando parece que ya no quedan recursos cinematográficos para contar la complicada parte final de la novela, Tykwer despliega la cámara en un derroche de poesía y nos descubre una nueva forma de hacer cine. La sutileza se adueña de la pantalla y contemplamos asombrados cómo se puede hacer fácil lo difícil. Tykwer ha conseguido una de las mejores películas del año. Europea, que nadie se engañe. Que todos la aplaudan.

Silvia García Jerez
Marketing OnlineAmigosVuelos BaratosLibreriaFotolog